
“…Ninguna revolucionaria termina, sin prolongarse en su lucha y en su ejemplo .
Su grito jamás se apaga, sin que encuentre el eco de mil gargantas jóvenes que lo renueven.
Su sangre jamás se coagula, sin que la asimile la tierra por la cual la derramó.
Esa es su única, íntima y reconfortante recompensa”.
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